Artículo reproducido de LA REPÚBLICA del día domingo 2 de noviembre.
En una publicación de los años 60 se puede leer de Ernesto Sánchez Fajardo, El Jilguero del Huscarán: 'Cuando se presenta en los escenarios de los coliseos Dos de Mayo o el Nacional (ahora canta en el primero) todo el público aplaude y aún lanza alaridos de júbilo. El anunciador del Coliseo Dos de Mayo lo presenta: ‘Aquí está el gigante de la canción ancashina’. Y no es ningún gigante. Me honro con su amistad desde hace quince años. Es un muchacho delgado, de aspecto frágil, casi enfermizo. Cuando ha interpretado cinco o seis canciones y hace como que se va del escenario, el alarido del público se repite…'. El texto es parte de un estudio sobre la música popular y sus intérpretes, y lo firma José María Arguedas.
Ernesto Sánchez Fajardo, en efecto, se hizo estrella en los coliseos y de allí pasó a la radio y el disco para lograr el éxito masivo. Llegó a la capital con la ola de migrantes en los años 40 y se quedó para hacer oír su voz como cantante. Su hija, July Sánchez Fuentes, cuenta que hizo el camino desde su natal Bambas, Áncash, a Lima, en varios años. 'Se fue de su casa a los siete años. Se quedaba trabajando en los pueblos. Fue peón en las haciendas y ayudante en un montón de sitios'. Partió niño y llegó adolescente a la capital. Aquí trabajaba en los mercados y al final de la jornada cantaba huaynos de su tierra –o chuscadas– para engañar al corazón y a la nostalgia.
Luego vendrían las presentaciones y el camino a la consagración. Grabó sus primeros discos de 45 con otro cantante de su tierra, Jacinto Palacios, por iniciativa del escritor José María Arguedas, a fines de la década del 40. De entonces queda una anécdota: la grabación fue enviada a Argentina y los discos llegaron con las etiquetas cambiadas. La grabación del Jilguero fue atribuida a Palacios y viceversa. Sin embargo, su leyenda crecería –en vivo– en los coliseos. Arguedas lo iba a ver y lo admiraba: 'El Coliseo todo es dominado por la voz, por la intención ardiente, siempre ardiente y sincera con que la bellísima voz del Jilguero trae al ambiente, ya estremecido, la imagen del mundo cíclopeo pero no tan adusto, no tan bravío del Callejón de Huaylas…'.
A fines de los años 60 tuvo un programa de radio, 'El Cantar de los Andes' y desde allí lideró una movilización por la creación de una universidad en Áncash, algo que se logró años después. Por esta época también se dedicó a organizar a los artistas. Fue fundador y secretario general del Sindicato de Artistas Folklóricos del Perú y presidente de la Federación Nacional Folklórica del Perú. 'Entre los años 60 y 70 él hizo mucha labor social. Llevaba ayuda a las cárceles, daba conciertos en provincias, tenía contacto con sindicatos y estudiantes', cuenta su hija July. Tenía arraigo entre la gente de a pie. Por eso no fue extraño que fuera elegido para la Asamblea Constituyente en 1979.